MI Cuarto. Tenía mi cuarto como todos los cuartos, una cama con sus sábanas y sus almohadas; y a diferencia de muchos cuartos, tenía un escaparate donde guardaba mi ropa y uno que otro papel extraviado; también tenía un espejo y a su lado una guitarra que nunca aprendí a tocar. A la derecha de la puerta de mi cuarto había una raqueta de bádminton y a la izquierda una de tenis de mesa pero no practiqué nunca ninguno de estos deportes. Varias fotos adornaban mi cuarto; dentro de un cuadro gris una de cuando era niño quién sabe si anunciando mis desgracias futuras; luego mis amigos estampados en lugares que amamos y mi novia, mi querida novia a sus quince años, en otra foto pequeña, demasiado pequeña para su significado estaba con mi gorra, mi gorra de todos los tiempos y una cámara Zenit pegada a un costado. El techo que tenía mi cuarto no era un techo común y corriente y aunque las arañas hacían de las suyas montando en cólera a mi madre el techo de mi cuarto tenía algo especial que eran sus tablas blancas blancas tablas a las que pedía consejo de noche con la luz apagada y aunque nunca respondían al ruego de mis pupilas siempre estaban allí brindándome el apoyo que no supe aceptar. Mi cuarto no tenía ventanas a diferencia de otros solo abriendo una puerta se veían grandes barrotes y los barrotes de la ventana de mi cuarto como una pequeña cárcel no dejaban entrar la felicidad ni salir mi tristeza. Ahora mi cuarto está en casa de mis primos solo me queda de él algún sueño extraviado que tuve en su cama y unas pocas monedas en mi bolsillo de lo que pude vender. Morón, 29 de Octubre de 1996 |